miércoles, 27 de noviembre de 2013

Mauricio

“Todos somos iguales”, con esta frase resumo el aprendizaje de esta semana, pues tal como vimos en el video acerca de la isla de Mauricio, las diferencias nos enriquecen, y el verdadero éxito lo alcanzamos con la cooperación de las demás personas. No podemos “sinergizar” cuando no vemos a la persona de al lado como un aliado, cuando no colocamos nuestras diferencias a un lado y  nos concentramos en los puntos comunes. Es vital entender que los triunfos que alcanzamos en nuestra vida no son solo nuestros, y es imposible obtenerlos si trabajamos solos, si no valoramos las diferencias de los que nos rodean y cooperamos para alcanzar la victoria mutua.  No encuentro mejor lugar para aplicar esto que en el trabajo, pues lo que yo pueda obtener por mis propios esfuerzos, se triplica cuando busco trabajar con mis compañeros, y luchamos no por el éxito de uno, sino de todos.
Franklin Covey, en su libro los 7 Hábitos de los Adolescentes Altamente Efectivos comenta lo siguiente: “…se logra la sinergia cuando dos o más personas trabajan conjuntamente para crear un mejor solución de lo que ambos pudieran lograr por cuenta propia. No es tu forma o la mía, sino una mejor forma, una más elevada”. La definición es muy sencilla, y más cuando se explica en un video, pero el verdadero reto está en aplicarla, pues va más allá de querer trabajar con los demás, es celebrar las diferencias, tener una mente abierta, y constantemente hallar nuevas y mejores formas de trabajar. Es aquí donde reitero que la sinergia es posible solamente cuando nos consideramos todos iguales, nadie más, nadie menos, iguales. Me refiero a igualdad en condición de seres humanos, los mismos derechos, mas son las diferencias entre nosotros: sexo, etnia, ideología; que crean chispas de creatividad, oportunidades. Lo que no tengo yo, lo tiene el otro, y yo lo necesito; de la misma manera los demás también me necesitan, y en la medida que aprendamos a depender positiva y constructivamente de los demás, el cielo será el límite de nuestro éxito.
Nadie le llama discriminación a la acción de minimizar o apartar a otra persona por su condición socioeconómica, su sexo, o su etnia, porque hacerlo sería desafiar lo que la sociedad nos ha enseñado por tanto tiempo. Años han pasado, y lo que se sabía que estaba mal, se ha constituido en algo normal, en algo que todo el mundo hace, y ciegamente asumimos que es lo correcto. Vivimos en una sociedad egocéntrica, donde mis logros son míos y de nadie más, y donde mi éxito se construye sobre el fracaso del otro. Ciertamente nadie puede afirmar  que nunca ha sido perpetrador de un acto de discriminación, porque la verdadera lucha es no hacerlo, es ir contra corriente, contra lo que es aceptado por la sociedad a la que pertenecemos, por valorar a cada persona por lo que es, especialmente por lo que nos diferencia. La discriminación se encuentra tan arraigada, tan camuflada, que son solo ejercicios como estos los que nos hacen abrir los ojos, y darnos cuenta de una realidad injusta, miserable que tienen que vivir muchas personas, y nosotros simplemente no estamos haciendo nada; porque igual de malo es cometer el daño, como no hacer nada para detenerlo, estando consciente de su existencia. Hay estereotipos que eliminar, hay ideologías que desechar, hay estándares que desafiar; pues solo así alcanzaremos la igualdad de la que tanto hablamos.

El aprendizaje de esta semana lo compartí con mi mamá. Ella me comentó que durante su niñez vivió varios años en Líbano, ante una cultura incompatible con lo que llamamos la paz y democracia costarricense. Su papá falleció estando ella con sus hermanos en esta tierra extranjera, dejando a mi abuela con 4 hijos, todos pequeños, hablando español en un país árabe. Me explicó que vivieron en carne propia la discriminación por sexo, y étnica, cuando mi abuela lucho por meses en los juzgados para recuperar la herencia que les había sido robada, en una sociedad increíblemente machista. “Es de todos los días encontrarse con casos de discriminación, de todo tipo, sería imposible no hacerlo, pero es nuestro deber luchar por el respeto, por la igualdad como seres humanos”, me dijo. 

Referencias:

Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo  


miércoles, 20 de noviembre de 2013

Comunicación: Parte II

No importa si se trata de una entrevista, de una lectura en público, o una presentación frente a una audiencia, son muchos los elementos a considerar con el fin de que el mensaje que nosotros enviamos sea captado correctamente. Podemos tener total dominio acerca del tema que tratamos de comunicar, pero omitir las pausas a la hora de hablar, no utilizar la entonación y dicción adecuadas, una postura incorrecta, pueden reflejar todo lo contrario. Si bien expresar o comunicar un mensaje ante una audiencia suele ser mucho más complicado que en cualquier escenario casual, no podemos obviar los puntos que hacen del proceso comunicativo algo efectivo: dominio del tema a informar, estructurar el mensaje de una manera clara y ordenada, tener siempre en mente el público al cual se dirige el mensaje, cuidar el lenguaje no verbal así como el tono de voz y mostrar una actitud segura y serena. No existe una fórmula mágica que nos garantice el éxito en cada interacción, pero si podemos tener todos las bases cubiertas, para asegurar un óptimo desempeño.

 El documento llamado “Hablar bien en público y convencer a la audiencia” (2011), afirma que nadie puede negar que  expresarse con facilidad ante un público constituye una cualidad deseable y valiosa. La eficacia y el éxito con que se lleve a cabo este proceso de comunicación dependerán del entusiasmo que el expositor pueda despertar en los demás, y la precisión con que lo haga. Apoyado en este comentario, considero que más allá de un dominio total del tema, o eliminar la presencia de “muletillas”, es fundamental tomarse el tiempo para estructurar el mensaje, de manera que sea de interés para los oyentes, y cautive su atención. Al final, el objetivo es que las demás personas comprendan el mensaje y si tenemos a una audiencia concentrada e interesada, ya tenemos gran parte del éxito de la presentación garantizado.
Margaret Heffernan envía un mensaje muy claro: somos responsables tanto por lo que hacemos, como por lo que dejamos de hacer. Sin desplazarse mucho por el escenario, la oradora captura la atención de sus oyentes al mantener una postura firme, que inspira seguridad y seriedad, y además complementa con el movimiento de sus manos que dinamizan la presentación. Heffernan dirige su mensaje a personas con poder de cambio, que tienen la autoridad para intervenir activamente y generar situaciones positivas. Utiliza un lenguaje y vocabulario profesional, pero fácil de entender, e hila las ideas y temas presentados de forma clara y congruente, llamando la atención de la audiencia con casos de la vida real, para luego exponer su punto de vista. Sin duda alguna, la señora Heffernan cree firmemente en lo que dice, aspecto que se ve reflejado en su actitud y emociones, lo que considero que es el aspecto más deseado de cualquier orador, expresarse con pasión, convencido del propósito del mensaje.
 Me llamó mucho la atención como muchas personas, incluyéndome, evaden los conflictos por temor a la opinión de los demás, ya sea en una esfera personal, o en un ámbito donde se juega el bienestar de muchos otros. La señora Margaret dijo muy claramente, que no porque las cosas sean evidentes quiere decir que se vayan a tomar acciones al respecto, es necesaria la intervención de cada uno de nosotros si queremos un cambio, si queremos que las cosas sucedan. Esta misma idea fue la que compartí con mi mamá, en el marco de la comunicación, a lo que ella me respondió que no hay nada peor que una situación conflictiva con muchos espectadores que no están dispuestos a denunciar, a forzar un cambio, cuando tienen todas las herramientas para hacerlo. Me aclaró que hacer lo correcto muchas veces no genera el efecto social que deseamos, pero podemos estar seguros que hemos hecho todo lo que está a nuestro alcance para impulsar la verdad y el bien.      

Referencias

Hablar bien en público y convencer a la audiencia. (Spanish). (2011). Especial Directivos, (1539), 1-3.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Comunicación: primera parte


El ser humano vive comunicándose, pues esta es la base de nuestra existencia; mensajes van y mensajes vienen, y por más que queramos no podemos vivir sin transmitir nuestras ideas a los demás. Aspecto clave de este proceso es entender que las demás personas perciben más allá de lo que sale de nuestras bocas, interpretan nuestros gestos, nuestros ademanes, nuestras miradas, y todo junto constituye el mensaje que transmitimos.  Durante las últimas dos semanas, se ha convertido costumbre en el trabajo ofrecer a los clientes realizar sus transacciones por medio de la aplicación que  se desarrolló para dispositivos móviles, inclusive existe una premiación para aquellos que logren guiar al usuario por este medio. Vender una idea nunca había sido tan difícil, en cada oportunidad hay una excusa nueva: “ahorita no tengo tiempo”, “voy manejando”, entre otras; sin embargo durante esta clase aprendí que el sentido del mensaje que se desea transmitir debe plasmarse al final de la oración, de esta manera uno se asegura que la persona asimile lo que uno está diciendo; así, cierro la oferta de la aplicación recalcando su facilidad y los largos tiempos de espera que se ahorran los clientes al utilizarla. Hasta ahora está dando buenos resultados.  

Durante clase se comentó acerca de los seis elementos, o cualidades que deben utilizarse para una comunicación asertiva. El tema se enfocó en nosotros como emisores del mensaje, no obstante no se pueden dejar de lado los rasgos de un receptor efectivo. Sean Covey (2009) menciona las cuatro cosas que no se deben hacer cuando se escucha a otra persona, entre ellas afirma que distraerse está prohibido, no podemos estar sumidos en nuestros propios pensamientos cuando interactuamos con alguien, pues se pierde el “nosotros” y se convierte en un “yo”. Esto mismo sucede cuando se finge escuchar, seguimos en lo nuestro sin prestar atención a lo que se nos comunica. Covey también destaca el escuchar selectivamente  y escuchar de forma egocéntrica diezma el proceso de comunicación, evitando que tanto nosotros como las otras personas podamos beneficiarnos y enriquecernos del proceso de comunicación. Parte de este hábito 5 es aprender a escuchar, a comprender para luego ser nosotros los que comunicamos.

En mi casa siempre hemos acostumbrado contarnos entre nosotros cómo fue nuestro día, qué hicimos, qué situación se nos presentó, o simplemente mencionar que fue un día similar a los demás. Siempre me han criticado que no profundizo en los detalles, o que hablo de aspectos personales muy por encima. No hay manera de refutar eso, en efecto soy una persona reservada, sin embargo hay día en los que sí necesito conversar, recibir un consejo, o simplemente compartir lo que estoy viviendo. En general, cuando me comunico lo hago con claridad, voy directo al grano sin dar muchas “vueltas”, también soy una persona que estructura todo en su mente antes de decirlo, que si bien puede afectar la espontaneidad,  me ha salvado de decir muchos comentarios inadecuados. Día a día, escucho cosas con las cuales no estoy de acuerdo, generalmente le hago saber a la otra persona mi disconformidad, sin embargo trato apreciar y valorar todos los puntos de vista de las demás personas, pero todavía hay mucho que trabajar para evitar escuchar de forma egocéntrica. Al final, uno tiene que expresar interés y aprecio por lo que dicen las demás personas, uno nunca sabe qué pueden estar pasando los demás, y lo que una sonrisa, un comentario acertado, unas palabras de aliento pueden generar en este emisor. Este considero que es el valor de la escucha empática, demostrar que escuchamos a las demás personas de la misma manera como quisiéramos que los demás reciban nuestro mensaje.

Mi amigo Mauricio, trabaja en construcción, igual que mi papá. El me mencionaba que al venderles soluciones a los clientes, soluciones podrían originar una oportunidad de trabajo, es indispensable transmitir un mensaje central claro, asegurarse de utilizar las palabras adecuadas, el tono adecuado, y sobre todas las cosas, estar seguro y convencido del mensaje que se transmite. Nadie  va a creer lo que tenemos que decir si nosotros mismos no lo hacemos, nadie se va a apropiar de nuestros comentarios si no reflejamos seguridad con nuestra postura, nadie nos va a tomar en serio si nuestras emociones no van acorde a lo que sale de nuestra boca. Vivimos comunicándonos, tenemos que hacerlos bien, pues es algo que hacemos y necesitamos todos los días.

Referencias:
Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo  
 
 

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ganar-Ganar


Sin lugar a duda, la aplicación del Hábito 4: Pensar Ganar-Ganar presenta una complejidad mucho mayor, a la hora de utilizarlo, en comparación con los demás hábitos aprendidos; pues la sociedad nos enseña precisamente lo contrario, la vida es una carrera y en toda situación en la que uno no gane, pierde. Se resalta mucho la individualidad, los logros alcanzados son míos y de nadie más, y la razón de mi victoria es producto de arrebatársela a alguien más. En pocas palabras se nos presenta un panorama muy cerrado, perder-perder es inadmisible, ganar-perder es lo ordinario y ganar-ganar un imposible. Sin embargo, el contenido de esta semana esclarece que en todas nuestras relaciones la cooperación mutua, el ser valiente y considerado al mismo tiempo, el ver cada situación no como un yo, sino como un nosotros; es no solo alcanzable, sino también deseable. Aplicado en mi trabajo, comprendo que no es el camino más fácil, pero sí el que genera resultados valiosos y duraderos. Se resume en preguntarse en cada situación ¿cómo gano yo? y más importante: ¿cómo hago para que ganen los demás?


Generalmente pensamos que los beneficios en una relación son excluyentes, o tú o yo. Razón por la cual desaprovechamos, o desperdiciamos importantes relaciones en la vida por una concepción egoísta. Sean Covey plantea un hábito, una costumbre donde el pensamiento es “yo puedo ganar, y tú también. No es solo tú o yo, sino ambos”.   Además, aclara que el pensar ganar-ganar es “el fundamento para llevarse bien con los demás, que comienza con la creencia de que todos somos iguales, de que nadie es inferior o superior a los demás, y que en realidad nadie necesita serlo” (Covey, 2006). Como mencionaba al inicio, este hábito, hasta el momento, es el más difícil de todos, pues supone renunciar a esa zona de confort, y empezar a pensar en los demás, en lo que a ellos les interesa y les beneficia. Lo entendí mejor con el ejemplo de una madre embarazada, al recibir la noticia ya no busca solo lo que le hace bien a ella, sino lo que beneficia a los dos.

Durante una charla vocacional enfocada a aspirantes de una carrera musical, el panelista expuso el sacrificio que conlleva dedicarse a las artes, las 8 horas de sueño pasan a ser un pensamiento bonito nada más, y todas las salidas durante y el fin de semana serían con mi buen amigo el saxofón, en mi caso. En estas situaciones uno siempre piensa que la gente es exagerada, pero hubo una frase que me llamó fuertemente la atención: “mientras usted duerme, hay alguien más practicando”. Si bien denota el compromiso y perseverancia que hay que tener con las metas y los sueños, supone también que el éxito se alcanza siendo el mejor, y esto significa estar por encima de los demás. Después de unos minutos de pensamiento, tratando de encontrar este equilibrio ganar-ganar en un ámbito musical, entré en razón al considerar que no hay nada más diverso que el campo artístico, y la ejecución musical que yo tengo, no la tiene nadie más, y viceversa. Esta es la mina de oro de la música, poder apreciar el talento de los demás al no verlos como competencia, o como las personas que me pueden quitar una esperada beca, sino como fuentes de aprendizaje, de donde nos podemos beneficiar ambos. Al final, es creer que los éxitos de otras personas son míos también, si logro aprender de ellas, valorando tanto lo que ellos como yo tenemos para ofrecer.

Comentaba con mi papá este pensamiento de ganar-ganar, ya que él, por la naturaleza de su trabajo de ingeniería civil, se relaciona con un sinnúmero de personas diariamente. Me manifestó que las relaciones con contratistas y trabajadores son muy complicadas, hay que presionar e insistir para poder cumplir con los plazos establecidos, o rechazar trabajos que no cumplen con los pedidos del cliente, que si bien puede reducirse a “no lo hizo bien, no se le paga”, se busca conciliar, llegar a un punto común donde se consiga un trabajo terminado para el cliente y el bienestar de los trabajadores. “La clave de un buen equipo de trabajo es crear valor con todos los involucrados, entender que tanto ellos como yo tenemos un objetivo, y todos debemos salir beneficiados”, me manifestó.

Referencias:
Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo  

miércoles, 30 de octubre de 2013

Poner primero lo primero


La planificación nunca ha sido una tarea sencilla, especialmente cuando tenemos que sacrificar aquellas cosas que nos gustan, pero que al final del día  resultan no ser tan importantes. El uso adecuado del tiempo es sin duda, un aspecto fundamental de la efectividad, pues podemos enfocar todos nuestros esfuerzos en aquellas cosas que verdaderamente valen la pena y contribuyen a nuestra misión, valores y metas de alta prioridad. Día a día se nos presentan un sinnúmero de actividades y situaciones que debemos clasificar como urgentes, no urgentes, importantes y no importantes. La aparición de situaciones de crisis se sale de nuestro círculo de control, así como todas aquellas cosas que suponen ser transcendentales cuando no lo son. La efectividad descansa en la habilidad de planificar todo lo que sea importante, para así evitar sobrecargar los cuadrantes I y III, encontrando en medio de todas nuestras responsabilidades, un espacio para el ocio y recreo personal. Todo esto lo logro identificar en mi vida universitaria, pues yo escojo cuando realizar tareas y trabajos, y entre más lo postergue sin causa justa, más sacrifico el tiempo con mi familia, con mis amigos, o el hacer las cosas que me gustan.

Al intentar aplicar este tercer hábito, el verdadero reto lo he encontrado en comprender que simplemente no es posible hacerlo todo, hay que diferenciar las cosas que son realmente importantes de lo que se debe posponer, bajo la consigna de que pasará a ser importante y apremiante en corto tiempo; y la categoría de todo aquello que no vale la pena y por ende se debe descartar. Usualmente es clara esta distinción, pero en ocasiones vivimos en engaño y le damos importancia a cosas que no lo tienen, como correos electrónicos que aparentan requerir atención inmediata, o simplemente cumplir con una petición de un amigo o familiar. Sean Covey, en su libro los 7 Hábitos de los Adolescentes Altamente Efectivos hace referencia a una frase de Bill Cosby que me llamó poderosamente la atención: “No conozco la llave del éxito, pero la llave del fracaso es intentar agradar a todos”. Covey afirma que para evitar la reputación de querer complacer a todos, la falta de disciplina, sentir que uno es la alfombra de los demás -productos de vivir en este tercer cuadrante-, es necesario priorizar y hacer de la disciplina un hábito diario, para así quedar bien ante las otras personas y con nosotros mismos. Nunca falta una oportunidad en el trabajo donde nos piden un favor, que tenemos que aprender a rechazar si interfiere con las actividades que ya tenemos planeadas, que nos impedirán realizar esta petición con excelencia.

He identificado tres roles en vida: trabajador, estudiante y miembro de familia. Cada uno presenta compromisos y metas muy variadas, por lo que la correcta distribución del tiempo en estos aspectos es fundamental. En el trabajo tengo responsabilidades claras, debo de llegar a tiempo, mantenerme dentro de las métricas establecidas, cumplir con un código de conducta y vestimenta, entre otros encargos. Ante esta realidad, planteo una meta sencilla pero retadora, mantener números por encima del promedio, y así ser efectivo en mi trabajo. En contraste, mi vida como estudiante y miembro de familia presenta obligaciones irrenunciables, y que son indispensables para mi desarrollo como persona. Hablo de mi relación con mi familia, por ejemplo, el tiempo que paso con ellos, que para mí es una realidad por encima de todas las demás, porque a diferencia del trabajo y la universidad, la familia no tiene un carácter pasajero, y es sustento y energía para las demás actividades. Sin duda alguna, en cada uno de estos roles es indispensable el trato cordial, el compañerismo, el respeto y la honestidad, para así obtener el máximo beneficio y desempeño de cada tarea.

Mi hermana me comentó que hay que tener una verdad muy clara, y es lo que describía en los párrafos anteriores, no podemos hacerlo todo, pero si manejamos bien nuestro tiempo, si separamos las cosas importantes de todo lo demás, si dejamos de lado el ocio y actividades sin sentido con miras en un bien mayor, podremos realizar un mayor número de actividades significativas, con un verdadero propósito y contribución para nuestra misión personal. La clave para esto, mencionaba Erika, es el transcurso del tiempo, precisamente aprender de los errores, de aquello que no administré bien, para obtener el máximo provecho en un futuro, para ser altamente efectivo en una segunda ocasión.
 
Referencias:
Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo  
 

miércoles, 23 de octubre de 2013

Fin en mente




En mi curso de mercadeo, nos enseñaban que la misión y la visión de una empresa son pilares fundamentales para el crecimiento y desarrollo de la misma. En muchas ocasiones, formular estos enunciados es una tarea que se toma a la ligera, las empresas creen que no tienen tiempo para redactar un pensamiento bonito que se vea bien en la página web. Sin embargo, la misión responde a ¿cuál es nuestro negocio?, y la visión ¿a dónde queremos llegar?, que si se tienen claras, son el eje central de la estrategia que lleva al éxito de una compañía. No es diferente con nosotros mismos, si entendemos quiénes somos, tenemos claro qué sueños y metas queremos llegar a alcanzar. Para establecer nuestra misión y visión personal, tenemos que vivir el hábito 1: somos responsables de nuestro destino, para así diseñar la estrategia que nos llevará a nuestra realización personal. Si bien es un principio del aspecto global de nuestras vidas, también es aplicable en cada actividad que realizamos. Esta semana lo pude ver en el trabajo, mi objetivo es tener un excelente rendimiento en mis labores, pero es difícil alcanzarlo si no concreto un plan de acción. Ahora tengo la misión clara, alcanzar todas las métricas establecidas por la compañía. Cuando hay un norte, es más fácil llegar a lo que quiero ser. No podemos tocar todas las puertas sin saber a dónde vamos, no podemos tomar todas las oportunidades que se presenten si no sabemos que provecho vamos a obtener de ellas, no podemos vivir nuestra vida sin el fin en mente.


Nuevamente aprovecho las palabras de Sean Covey para profundizar el aprendizaje de la semana. Covey (2006) comenta que comenzar con el fin en la mente es simplemente pensar más allá del día de hoy, y decidir qué dirección se le quiere dar a la vida, para que cada paso que se dé, sea en la dirección correcta.  Me llama especialmente la atención esta última parte, puesto que si uno tiene claro a dónde quiere llegar, no hay paso en falso que nos vaya a sacar de nuestro camino. Seguramente hay desvíos constantes de nuestro objetivo, pero siempre lograremos ubicarnos cuando creemos que los dueños de nuestras vidas somos nosotros mismos, y luchamos sin desmayo por alcanzar las metas que nos hemos propuesto. El ayer es historia y el mañana es un misterio, más aún tenemos que vivir cada día pensando en el mañana. De esta manera, podemos tomar las decisiones pertinentes, que nos acercan cada vez más a nuestros objetivos. Rescato un diálogo de la película “Alicia en el país de las Maravillas” que representa muy bien el contenido de esta entrada.


-          ¿Podría, por favor, decirme cómo salir de aquí?

-          Eso depende mucho de a dónde quieras ir –respondió el gato.

-          No me importa a dónde –dijo Alicia.

-          Entonces, no importa hacia dónde vayas –repuso el gato.


Después de escuchar la conferencia de Patrick Awuah, queda claro que el fracaso no es una opción cuando se trata de nuestros propósitos. Él mismo lo mencionó en varias ocasiones, aunque parecía misión imposible, con esfuerzo y determinación se logra sacar la tarea. Awuah cree y enseña, que no es posible alcanzar la perfección, pero si se intenta, se consigue la excelencia. Esto es la clave del liderazgo, asumir el papel que nos corresponde en la sociedad, y no conformarnos con menos. Tenemos que entender que somos responsables de los privilegios que hemos obtenido; somos, tal como explica Awuah, los guardianes de nuestra sociedad, y un pueblo entero sufre cuando no realizamos nuestro trabajo. Comparto que esto solo es posible cuando creemos que el ser líderes es servir a la humanidad, y vemos esto como un privilegio. Patrick Awuah se plantea una misión clara, transformar al pueblo y la zona donde creció; busca que todos puedan vivir la libertad que él experimentó, este aire de frescura tal como explica. Es una misión que se apoya en los valores, que hacen que el conferencista quiera algo mejor para un pueblo del cual él no ha sido parte por años. En respuesta a esto, renuncia a las comodidades de Seattle simplemente porque buscó cambiar el concepto de liderazgo. Después de escuchar la conferencia, se refuerza en mí un tema que hablamos en la clase pasada: no existe sacrificio cuando el objetivo es claro y deseado. Patrick Awuah dejó su comodidad, su trabajo, la seguridad de su familia para regresar a un pueblo del cual pudo olvidarse, pero simplemente no soportó quedarse callado ante la maravillosa verdad que experimentó.


Mi cuñado ve la planificación como un recurso fundamental para obtener buenos resultados. Si no diseña su día y distribuye sus esfuerzos, rápidamente se ve absorbido por las múltiples tareas pendientes.  Randall cree que tan solo unos cuantos minutos al iniciar el día pueden ahorrar muchas frustraciones, y energías enfocadas de manera errónea. Le pregunté si él aplica este día a día en su ámbito personal de la misma manera que lo hace con el laboral, me comentó que si bien le ha costado un poco más fijarse un objetivo claro como persona, tiene claro quién es, y más importante a dónde quiere llegar; con certeza afirma que el trabajo que tiene, así como su matrimonio y cada aspecto de su vida, están orientados hacia su objetivo final, ser feliz.   

Referencias:
Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo  

miércoles, 16 de octubre de 2013

Ser proactivo


Ser proactivo es tomar responsabilidad de cada una de nuestras elecciones. Si bien es un enunciado sencillo de entender, implica mucho más de lo que parece a simple vista, es ser capaz de tomar las decisiones correctas ante cualquier situación que se nos presente. Nos hemos acostumbrado, como regla general, a responder reactivamente ante situaciones negativas, fácilmente nos dejamos llevar por las emociones, por el primer pensamiento que atrape nuestra atención. Sin embargo, la clave de la pro actividad es agregar un paso más entre el estímulo que recibimos y la respuesta que tomamos, es complementar con la libertad de elegir. Nunca falta el día en que situaciones del trabajo o universidad nos llevan al límite, deseando tirar todo por la borda, y llevando con nosotros todo aquel que se interponga en nuestro camino. Es precisamente en estos casos donde podemos hacer un alto en el camino, valorar la magnitud de las consecuencias de nuestras acciones y tomar una elección; asumiendo sus consecuencias.

Tomar el espacio para analizar las posibles repercusiones de nuestros actos da pie a un análisis muy importante, las cosas o situaciones que podemos controlar, y todas las demás que simplemente generan ruido en nuestras mentes. Sean Covey, en su libro Los 7 Hábitos de los Jóvenes Altamente Efectivos, plantea un concepto de pro actividad muy poderoso, que me impactó al momento que analicé todas aquellas situaciones, que por una u otra razón, fui yo el que elegí reaccionar de esa manera. Covey (2003) comenta: “Yo soy la fuerza, yo soy el capitán de mi vida. Puedo elegir mi actitud. Soy responsable de mi propia felicidad o infelicidad. Yo estoy en el asiento del conductor de mi destino y no soy sólo un pasajero”. Después de leer esa frase de Covey, ya no existe el “no fue mi culpa”, “eso no me toca”, “qué podía hacer”. Soy lo que soy, o no soy lo que quisiera ser, gracias a las decisiones que he tomado. Claro está que solo dominando la forma en que reacciono ante las diversas y creativas realidades que presenta la vida, podré alcanzar la victoria en mis pensamientos, emociones, en mi vida privada.


Círculo de Preocupación
Círculo de influencia
Aporte de compañeros en trabajos en grupo
Desempeño en la universidad
Respuesta de clientes ante el servicio que les brindo
Calidad con la que realizo mi trabajo
Problemas en familiares o amigos
Apoyo y consejo
Forma de actuar de los demás
Ser respetuoso y comprensivo
Enfermedades
Cuidado de uno mismo y descanso

 

El identificar aspectos y situaciones que puedo y no controlar es una tarea difícil, especialmente cuando, a raíz de una percepción de las cosas que creo poder resolver, he cometido muchos errores. Para lograr el listado me planteé la siguiente pregunta ¿cuáles son las cosas que más me inquietan o preocupan de mi vida diaria? Partiendo de ahí, logré separar aquellas cosas de las cuales tengo un control nulo, y de las cuales tengo la capacidad de tomar el timón y trazar mi destino. Este es el caso de los proyectos en grupo, tanto en el trabajo como en la universidad; puedo controlar mi desempeño, la parte de mi trabajo, pero por más que quiera no puedo intervenir en el accionar de los que me rodean. Ante esta situaciones he aprendido que a uno le toca dar lo mejor, el máximo esfuerzo, y los buenos resultados vendrán por añadidura. Lo mismo sucede con los clientes que atiendo cada día. Puedo darles el mejor servicio al cliente que existe en este planeta –aspecto que puedo controlar- , mas nada puedo hacer ante una mala reacción de ellos, cuando yo he dado lo mejor.  No puedo dejar de lado las enfermedades, aspecto que me da pavor. No puedo hacer nada con respecto a los virus y gérmenes presentes en el aire, pero sí puedo mantener una dieta saludable, y no exponerme a estos enemigos invisibles. Sin duda es más difícil identificar el círculo de preocupación e influencia en aquellas cosas  importantes para nosotros, que toman los primeros lugares en nuestra lista de prioridades, puesto que es ardua tarea separar el aspecto emocional de la realidad que estamos viviendo. Esto pasa cuando algún familiar o amigo cercano tiene un problema, nos gustaría involucrarnos de lleno y resolver la situación de una vez por todas, pero tenemos que tener presente que ser fuente de apoyo y consejo es lo único que nos toca.    

Una vez más, comento con mi mamá el contenido aprendido que me ha capturado a través de la semana. ¿Cuántas veces he decidido sentirme mal, agobiado, o he tomado malas decisiones simplemente por no detenerme y decir: puedo reaccionar distinto? Sin duda que el hábito de ser pro activo es el más importante de todos, es como menciona Covey: “viajar en el asiento del conductor de nuestro destino”. Mi mamá me comentaba que no siempre las decisiones son blanco y negro, muchas de las veces no se sabe cuál opción es la correcta y solo podemos confiarnos en dar el mejor esfuerzo en cada situación que se nos presente, y tener bien claro cuáles son las consecuencias de nuestras acciones; y más importante aún, si estamos dispuestos a pagarlas.


 Referencias:
Covey, S. (2006) Los 7 Hábito de los Adolescentes Altamente Efectivos. México: Debolsillo